3 diciembre, 2022

El problema es la enfermedad, el medio es cuidar la salud cardiovascular a través de múltiples acciones. “Las mentiras siempre son peligrosas”

Las Sociedades Científicas hemos sido sorprendidas por una nota publicada recientemente en la revista Noticias, firmada por el Dr. Conrado Estol, la cual repudiamos por considerarla ofensiva para la comunidad médica, pero por sobre todo nos preocupa el impacto negativo que pueda tener en la población, al mostrar de manera sesgada los avances del conocimiento.

En primer lugar, la portada de la revista muestra de manera tendenciosa y tergiversada el contenido de la nota, ya que transforma el concepto de Mitologías Médicas en Las Mentiras Médicas más Peligrosas. Un viejo precepto de la medicina es el carácter cambiante de la misma,
donde “la gran verdad de hoy es la mayor falacia del mañana. Y esto no representa una mentira en sí misma, ya que al momento de expresarse es el mejor conocimiento disponible.

La enfermedad cardiovascular (ECV) es la primera causa de muerte global: 18 millones por año, representando el 32% del total de muertes. Las intervenciones basadas en la evidencia se están traduciendo en un mejor control de la ECV. Desde 1990 a 2013, se redujo la mortalidad por ECV un 22%. En 2019 se han salvado cerca de 4 millones de vidas.

Una de las principales enseñanzas para la medicina cardiovascular de esta pandemia, a la cual los profesionales de la salud se han entregado valientemente a combatirla sin medir las consecuencias individuales ni de los equipos, es el efecto de la falta de atención de cuadros cardíacos crónicos y agudos, observándose un incremento exponencial de pacientes que no consultan o lo hacen tardíamente, con cuadros más graves. Y esto seguramente tendrá mucha más implicancia en el futuro. El déficit en la atención de las ECV implicará un retroceso, con un incremento de muertes potencialmente prevenibles.

El concepto de “pocos” factores de riesgo no existe en la medicina, ya que la presencia de solo uno puede predisponer a mayor posibilidad de eventos cardiovasculares. Basta citar que la presencia por ejemplo de diabetes en individuos sin infarto posiciona el riesgo a la altura de un paciente que ha sufrido un infarto sin tener diabetes. Es importante tener en cuenta que a
mayor numero de estos factores, mayor es el riesgo.

La mayoría de los médicos nos dedicamos a prevenir la enfermedad aterosclerótica. Por ello, en contraposición a lo vertido en el artículo, no se podrían instrumentar estrategias de prevención de cualquier tipo si no se desarrollan acciones preventivas múltiples en individuos sanos. Y muchos de los conceptos allí vertidos que aparecen como exclusivamente desarrollados por pocos, son hoy verdades conocidas. La acción sobre alimentación, actividad física, control de los factores de riesgo como hipertensión arterial, dislipidemias, diabetes u obesidad han demostrado un impacto favorable.

Una vez que la enfermedad cardiovascular se presenta, la evaluación que se realice en el individuo permitirá seleccionar la opción terapéutica. El tratar arterias enfermas no tiene una sola opción, como el implante de stent o la cirugía de bypass, ya que aun en estos casos el tratamiento médico y la intervención sobre el perfil de riesgo son necesarios.

El artículo parece extemporáneo y varios conceptos que se presentan como novedosos, hoy ya están claramente establecidos. Todas las mentiras son peligrosas, incluso las vertidas en un medio de comunicación sin rigor científico y quizás, no han contrabalanceado el rédito personal deseado con el peligro de la mala praxis en la información, que también ha generado mucho daño.

La comunidad médica hace tiempo basa su accionar en la Medicina basada en la evidencia. Esto es: “el uso concienzudo, explícito y juicioso de la mejor evidencia actual para tomar decisiones sobre la atención de cada uno de los pacientes”. Esto está implícito y explícito en las guías de procedimiento dictadas por las sociedades científicas correspondientes. Por lo tanto,
difícilmente la comunidad médica actúe arbitrariamente guiada por otros principios que no sean la ética humanista y la mejor evidencia científica.

Las prácticas preventivas, el diagnóstico temprano junto con el tratamiento más eficaz integran las conductas médicas habituales avaladas por la evidencia científica.

Decir que estos pilares de la buena medicina son mentiras, en especial en este particular contexto de pandemia, es de una enorme imprudencia que atenta contra la salud y vida de nuestros pacientes. La medicina que se ejerce, acá y en todos los países desarrollados del mundo, dista de las expresiones vertidas en el artículo.

Las sociedades firmantes repudiamos lo manifestado en dicho artículo y nos ponemos a disposición de los medios de comunicación que tengan alguna duda o que quieran acercar información fidedigna y validada por la evidencia científica a la comunidad, sobre recomendaciones de prevención y tratamiento de las enfermedades cardiovasculares y todas las enfermedades prevenibles.

Presidente: Dr Alejandro Hershson
Sociedad Argentina de Cardiología (SAC)
Presidente: Dr Eduardo Perna
Federación Argentina de Cardiología (FAC)

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