18 septiembre, 2021

Facundo Manes, una decepción y un acierto

Por Jorge Horacio Gentile.

El exdiputado nacional expone sus apreciaciones respecto al flamante precandidato por el radicalismo, y lo que significa su candidatura.

Conocí a Manes hace uno tiempo al compartir asientos en un viaje en avión a Brasil y de la conversación me quedó una buena impresión de este intelectual. Luego me enteré que nació en Quilmes hace 52 años; que se recibió de médico en la Universidad de Buenos Aires; se especializó en neurología, neurociencias y neuropsiquiatría en Massachusetts y Iowa en EE. UU.; y luego estudió y fue investigador en Cambridge, en Inglaterra. Fue rector y profesor de la Universidad Favaloro. Es afiliado a la UCR y ahora es precandidato a diputado nacional en las elecciones primarias de Juntos por el Cambio en la provincia de Buenos Aires, lo que lo ha convertido en el cisne negro de estos comicios. 

Hace unos días en una librería encontré un libro titulado “Ser humanos”, publicado en julio de 2021, escrito por Manes, junto con Mateo Niro –un lingüista-, y lo compré con la idea de conocer su pensamiento político. Cuando comencé a leerlo me decepcioné porque se trataba de un estudio sobre el cerebro y la neurociencia. 

A pesar de ello, lo seguí leyendo y me enganché con su temática, porque estaba muy bien escrito y adornado con textos literarios, seguramente aportados por Niro, y en el que se explaya en temas tan cercanos al alma, como son el funcionamiento del cerebro –de los humanos y los animales-, su relación con el corazón, los intestinos y los riñones. 

Desarrolla, además, con solvencia, y en un lenguaje accesible, temas como la razón, los sentimientos, las emociones, el estrés, la violencia, la resiliencia, las memorias, la percepción, el olvido, el miedo, el sueño, la música, los pensamientos, el conocimiento, las decisiones, el libre albedrio, el cerebro social, la empatía, la creatividad, la felicidad, el amor, la amistad, la inteligencia colectiva, la confianza, la meditación, el rezo, el perdón, el juego, la risa, la neuroética, la conciencia, el lenguaje, el bilingüismo, y las relaciones entre cerebros, y, de estos, con las máquinas (inteligencia artificial), entre otros. 

El liderazgo 

Pero algo útil para política pude rescatar cuando se refiere a los líderes, que existen desde la revolución agrícola, hace 10.000 años. La psicología entiende, según Manes, que para ser líder hay que “posicionarse como uno 

más del grupo, pertenecer al conjunto más que estar por encima. Ser más la regla que la excepción (…) los rasgos personales más deseables dependen de la naturaleza del grupo liderado”. Además, “deben encajar en el grupo, sino también de dar forma a la identidad de éste.” Las cualidades como: “inteligencia, fuerza, determinación, autoridad y visión amplia, son en realidad insuficientes (…) también es necesaria la inteligencia emocional, (…) la habilidad de las personas para reconocer, comprender y manejar sus emociones como también reconocer, comprender e influenciar las emociones de los demás.” 

La “inteligencia emocional” necesita de cinco actitudes: “ser consciente de las emociones propias, autorregular las emociones, la motivación, la empatía y las habilidades sociales”. 

Otro aporte, útil en época electoral, es citar a Lord Owen cuando define el “síndrome de hubris como rasgos de personalidad adquiridos como consecuencia de ocupar cierto rol de poder por un período de tiempo prolongado (cuando más tiempo y más poder, peor).” Esta afirmación nos interesa porque vemos hoy a candidatos a legisladores que quieren ser reelectos, o aspiran a otros cargos que no es el que ejercen sin haber terminado sus mandatos, o quieren prolongarlos en sus distritos o en otros, o son solo testimoniales, o aspiran a futuros cargos ejecutivos que no se disputan en estas elecciones. 

Debemos aprender de esto, en épocas electorales, porque nuestro voto no es para engordar ambiciones, y satisfacer a aquellos que solo quieren poder y más poder, por mucho tiempo o para siempre, que luego se olvidan del bien común, y de lo que aspiran sus representados. 

Ello nos indica que debemos abrir los ojos, no tener miedo y exigirles a los candidatos humildad, que nos escuchen, que no se consideren superiores, y que alimenten la esperanza; por más dietas, fueros y privilegios que la Constitución les reconozca.  (Parlamentario)