27 noviembre, 2020

La terrible esperanza

Por Esther Díaz.

La noticias sobre las vacunas, las fechas que se arriesgan para la potencial llegada de las dosis generan una expectativa ansiosa sobre el posible fin de la pandemia. Pero aun cuando el verano prometa menos casos y más reuniones al aire libre el horizonte del alivio es inestable, tanto como la esperanza misma.

La esperanza es una alegría inconstante, que brota de la idea de algo futuro, de cuya efectividad, en cierto modo, dudamos, define en su Ética Spinoza. Y el miedo es una tristeza inconstante, que brota de la idea de una cosa futura de cuya efectividad, en cierto modo, dudamos. Las pasiones alegres producen esperanza, las tristes, miedos. Se implican mutuamente. Miedo al contagio, esperanza de evitarlo. El anuncio de vacunas agita un abanico de pasiones y discursos legítimos, por un lado, y mal intencionados, por otro. Exagerados, prudentes o realistas el miedo y la esperanza están presentes.

Testimonio A: ¡No quiero una nueva normalidad!, ¡quiero la vieja normalidad!, ¡que se termine esta locura!, ¡basta de vivir con miedo de acercarse a las personas! A veces nos encontramos con amigas y amigos y la culpa me dura quince días. ¡Basta!, dice conmovida una joven vestuarista. Le pregunto si tiene esperanza en la vacuna y responde: sí, por favor, ¡que llegue ya!

Pero -lamentablemente- no llega “ya”, ni se sabe bien cuándo, ni para cuántos, ni para quienes, ni se conoce su efectividad. Se está alentando una esperanza que despierta entusiasmo, no obstante, ¿es probable una solución contundente a corto plazo?, ¿clases presenciales, espectáculos masivos, viajes, bares colmados, reuniones y aquí no ha pasado nada?

Testimonio B: Estoy todo el tiempo manejando información sobre vacunas. Es complicado. Una se ilusiona con volver a abrazar a los seres queridos. Pero soy bióloga, sé que no es posible. En algún momento se logrará cierto equilibrio, pero no se puede decir en serio “no pasa nada”. En ciertos bolsones poblacionales quizás se acceda a la inmunidad. Para garantizar que la pandemia quedó atrás todavía falta. Siendo optimista, al menos un año. Ese es el panorama que se ve venir para el próximo invierno. ¿Cómo será la distribución de la vacuna? ¿cómo se regula el acceso? ¿a quienes se vacuna? ¿y la cadena de frío? Habrá presiones nacionales e internacionales. No estoy en estado de festejar que pronto se termina, para nada.

He aquí una esperanza remota para seguir caminando. Hay quienes dicen que esperanza deriva de est spes, es decir, “es pie”, confiriéndole a los pies la propiedad de avanzar hacia la realización de un objetivo valioso. En su opuesto, la des-esperación, no hay pies hacía lo deseable. Pero si se camina, hay esperanza.

Testimonio B: La vacuna me produce cierto escepticismo, no tengo demasiadas pasiones alegres después de todo lo que hemos observado sobre la producción científica -me dice una colega- estoy en un estado de observación con cierta distancia. Puede ser un paliativo, pero al mismo tiempo mi incertidumbre se funda en que este virus es producto de las formas de producción y de consumo de esta instancia capitalista. Se va a controlar el covid 19 pero van a aparecer otros, ya existen mutaciones. Los visones de Dinamarca. Lo que se está escapando es la producción de alimentos. Somos capaces de potencias creativas. Pero desde mi punto de vista solo será posible relajarse transformando nuestras prácticas de consumo y deconstruyendo nuestra vida cotidiana.

Aquí se enuncian problemáticas sin demasiada agenda en relación con las formas de producción alimentaria, menos aún en relación a la vida cotidiana. Tensiones entre el miedo al dolor y la esperanza de placer. Esferas que no se abordan solo desde la razón, sino también desde pasiones, emociones, sentimientos y deseos. Como sucinto ejemplo, veamos la opinión de otra bióloga.

Testimonio C: No me hago ilusión. Tal vez, vacunando al personal de la salud y a los adultos mayores baje el riesgo, aunque desconocemos la efectividad. Los sistemas inmunes difieren en menores, jóvenes y adultos. ¡Cautela! Estamos en una super preliminar. También a nivel biológico me gustaría que hubiera más ensayos clínicos y saber con qué criterio se vacunará. A mí seguramente me va a tardar en llegar (tiene 50 años), pero en cuanto se pueda quiero vacunarme. Me gustaría que se compren cien millones de dosis para cubrir a toda la población. Tal vez repetir en un año. Es una falsa esperanza creer que se abrirá una puerta y saldremos sin barbijo. No es así. Cuidarse y cuidar es lo que seguiremos haciendo las personas responsables en este país. Covid 19 no es parte del pasado como en algún momento lo fue la gripe de 1918.

La esperanza es siempre deseo de lo que se carece y no depende de nuestra subjetividad conseguir. Una potencia ante la impotencia de no lograr intervenir en el futuro. Desear sin saber. Desconocemos si se logrará y con qué resultados. Es productivo esperar, pero contraproducente alimentar expectativas poco posibles de lograr.

Testimonio D: no se puede pensar esto con ingenuidad y posiblemente tengamos que vivir en estado de acecho permanente -reflexiona un docente en tecnología- a mí la posibilidad de la vacuna me produce esperanza, aunque sé que no va a ser nada milagroso y no podremos bajar la guardia con los cuidados y los controles desde ahora y quizás para siempre.

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¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Adónde vamos? ¿Qué esperamos?, se pregunta Ernst Bloch, en El principio esperanza. Se trata de aprender de la esperanza, que no es pasiva como el miedo ni está encerrada en el anonadamiento. Amplía horizontes, abre senderos. Pero como todo lo humano, tiene límites. Una esperanza infundada puede dañar tanto como un escepticismo irracional. Mejor mantenerla en el fondo de la caja. En Los trabajos y los días, Hesíodo narra que Pandora llevaba una caja con prohibición de abrir. Pero un día alguien la abrió y esparció por el mundo la desdicha, el desamor y el sufrimiento. Esa caja enjoyada por fuera, alojaba la totalidad de los males por dentro. Pandora se apresuró a cerrarla y logró que quedara atrapada una incierta felicidad a futuro: la esperanza. Ahora bien, si la caja contenía todos los males, ¿la esperanza es un mal? Bloch nos deja pensando, aunque no es racional pretender racionalidad en un mito. Para finalizar, ensayo breves respuestas a las preguntas iniciales del filósofo: Somos lo que hicimos e hicieron de nosotras. Venimos de una conjunción aleatoria y a la vez organizada de moléculas. Vamos hacia el cumplimiento de nuestras respectivas venturas. Y esperamos -por sobre todas las cosas- ser felices.(Página12)