3 diciembre, 2021

Otro 25 de noviembre con pocos avances

En el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, opinó para Télam Mabel Bianco, médica, feminista, master en salud pública (MPH), epidemióloga y especialista en estadística médica y presidenta de la Fundación para Estudio e Investigación de la Mujer (FEIM) y asesora regional de proyecto Spotlight de prevención de la violencia basada en genero de ONU, la Unión Europea y ONUmujeres.

Celebramos un nuevo día de lucha para erradicar la violencia basada en el género. Lamentablemente las cifras nos indican que aún no conseguimos disminuirla, nos siguen matando por ser mujeres. No es fácil erradicarla, la pandemia aumentó el riesgo y Cmujeres y niñas experimentaron distintas formas de violencia. Los femicidios siguen, según el último dato mataba una mujer cada 30 horas por ser mujer. Qué nos pasa ¿Por qué?

Este año el presupuesto para la atención y prevención de la violencia basada en género aumento y esto es algo auspicioso. Sin embargo, su ejecución no es al ritmo esperado y eso nos preocupa, porque persisten las trabas y problemas en la gestión administrativa.

Un aspecto importante es la lentitud en la implementación del acceso a la justicia, la transferencia del cuerpo de abogados al Ministerio de Mujeres, géneros y diversidad es un paso adelante, pero no suficiente para acelerar su puesta en marcha. Esto es crucial, sin ese acceso de las mujeres y niñas al patrocinio gratuito es muy difícil para la gran mayoría de las que experimentan violencia poder afrontar las consecuencias de la denuncia, que es la iniciación del proceso legal.

Una de cada tres asesinadas habían denunciado violencia de género, ¿Qué pasó que no fue posible evitar esas muertes?

Es evidente que no logramos articular los distintos sectores que intervienen en el seguimiento y atención de quienes denuncian. Cada sector hace lo que debe, pero no articula con los otros, así si la justicia dicta la prohibición de acercamiento, pero no le avisa y si envía el mensaje a las fuerzas de seguridad lo hacen en forma rutinaria y se pierde en el tramite burocrático. Las fuerzas de seguridad cubren el control, pero tampoco avisan a los sectores de atención de violencia que deben acompañar a la mujer. Estas áreas deben proveer la tobillera al agresor o el botón de pánico a la mujer, algo que no siempre hacen en tiempo y forma, no por falta de insumos sino por el tiempo entre que se informan y actúan. Incluso las mujeres vencido el plazo de la medida deben reiterar el pedido y son ellas mismas las que deben hacerlo no los servicios de atención de las violencias.

Todo esto nos plantea el gran desafío que es cómo lograr usar más eficientemente los recursos, algo que no se arregla con más presupuesto sino con un protocolo unificado, consensuado con todos los sectores y áreas administrativas, que se cumpla en todo el país y que se capacite a todo el personal de los distintos sectores y de los distintos niveles local, provincial y nacional para que sea de cumplimiento universal.

¿Pero y la prevención? Nos faltan campañas que desnaturalicen la violencia y falta algo básico que es la Educación Sexual Integral en todos los niveles educativos, para acabar con el modelo de masculinidad hegemónica y el binarismo. En esto estamos muy atrasados a pesar de las leyes. La sola atención, aunque la mejoremos no alcanza. (Telam)