19 septiembre, 2021

Pachamama, mucho más que una celebración a la tierra

En el día más importante para la cultura andina, Horacio Delfín Galán, descendiente del pueblo Kolla, cuenta cómo vive la Pachamama, la que él conoce y vivió desde niño, muy distinta a las «nuevas Pachamamas» que llegaron de la mano del turismo.

Hoy se celebra a la madre tierra y se agradece, con diversas ceremonias, todo lo que ella provee.

El 1 de agosto es muy importante para la cultura andina porque se recuerda el Día de la Pachamama, el Día de la Madre Tierra. Este concepto proviene de la lengua quechua: Pacha: «mundo» o «Tierra», y mama: «madre».

En el norte argentino esta celebración se vive con mucha intensidad. Se la conmemora durante todo el mes agosto pero, como indica la tradición, es el primer día del mes cuando se realiza la ceremonia de ofrenda a la madre tierra por todo lo que ella ha provisto y brindado.

Horacio Delfín Galán, pertenece al pueblo Kolla. Vive en Tilcara, Jujuy, y es docente, profesor de dibujo, autodidacta, guía en el Pucará de Tilcara y colaborador del Museo Regional de Pintura «José Antonio Terry». Su familia creció en los valles orientales de Tilcara y, como todos los que provienen de esa región, se autodenomina vallistos, que son quienes se dedican a la crianza de animales y a la agricultura.

Dentro de las tareas que realiza, en la época de pre pandemia, invitaba a los chicos de las escuelas a realizar circuitos guiados por Tilcara para hablar de geología y contarles cómo se formó ese territorio. Su objetivo es rescatar la historia, las tradiciones, las costumbres y los rituales: “hacemos que se auto valoren como descendientes de pueblos originarios, como tilcareños, como quebradeños. Eso es importante para seguir encendiendo esa mirada crítica de lo colonial desde la niñez y adolescencia”, señala Galán, uno de los hombres que más conoce acerc de tradiciones ancestrales y que cuenta en esta nota su forma de ver y sentir la Pachamama.

– ¿Qué significa la Pachamama para los pueblos andinos?

– La Pachamama es una ceremonia, un ritual, una fiesta, una celebración que debe tener dos mil o tres mil años, desde que los pueblos originarios son agricultores. Obviamente que fue cambiando a lo largo del tiempo. La Pachamama se inserta dentro del ciclo agro pastoril a lo largo del año, que en el mundo andino se divide solamente en la época seca y en la época húmeda. En la época seca se celebra la Pachamama, agradecemos lo cosechado en el período anterior del verano, y ofrendamos comidas, sahumamos, tomamos yerbeado, chichas culpada, api y la tistincha que es toda comida hervida hecha con mote de haba, mote de maíz, tamales.

«La Pachamama tiene un significado profundo porque es el inicio del barbecho. En esta época del invierno limpiamos los canales, podamos las plantas, y el barbecho es la tarea de dar vuelta la tierra para que mueran los gusanos que están abajo en medio de las piedras, en medio de la tierra. Y nos preparamos para trabajarla».

El otro momento más importante del mundo andino, porque la Pachamama no está aislada, está inserta en la época de la abundancia, lo que hoy se ha visibilizado como el qhapaq raymi, la época de la abundancia. Entonces, a la Pachamama la transitamos todo el tiempo, nada más que el ciclo se inicia con el ritual de darle de comer a la Pachamama. Le decimos dar de comer porque la Pachamama es un ser vivo en la visión de los pueblos andinos, no es algo ajeno a nosotros, no es la ecología, no es el medioambiente. Hay una forma de pensar en lo andino que es la crianza recíproca: yo crío mis animales, me crío junto a ellos, junto a un montón de vicisitudes, aventuras y desventuras que tengo en ese tiempo mientras voy criando los animales, mientras voy sembrando; cuando cosecho, cuando comparto esa comida, cuando guardo maíz para la Pachamama del año siguiente, entonces hay una convivencia continúa con el territorio.

– ¿Qué simboliza la ceremonia ancestral de la Pachamama? ¿Cómo se preparan para el 1ro. de agosto?

La Pachamama viene a simbolizar el espacio y el tiempo, la Pacha, y la Mama, la naturaleza. Nosotros estamos conjugados en ese transitar del espacio, el tiempo y la naturaleza. Ahí están los cuatro elementos importantes para la vida, el aire, el fuego, la tierra y combinados todos ellos hacia nuestra vida. La ceremonia es ofrendarle, agradecerle al universo, a la tierra eso que hemos producido. Hoy, obviamente, sufrió transformaciones pero es un agradecimiento.

El día principal es el 1ro. de agosto. Previamente hemos cosechado maíz, hicimos harina de maíz con la que vamos a preparar los tamales, preparamos el charqui en abril y mayo cuando comenzamos con todo este proceso. También tenemos habas que cosechamos, sus semillas se hierven, las papas oca, comemos guiso de papa lisa, guiso de quinoa, nada de asado, nada frito, todo es hervido. La carne hervida solamente con mote en bateas.

– ¿Cómo se va resignificando la tradición en la zona de la Quebrada a medida que pasa el tiempo?

– Esta celebración se va transformando porque tenemos que entender que los valores culturales que practicamos, los rituales, están en una especie de círculos concéntricos, como capas de una cebolla. Entonces, nosotros tenemos un núcleo sagrado que es nuestra Pachamama y todos sus rituales y sus comidas, la forma de producirlos durante el año, siempre teniendo de contexto el ciclo anual. A medida que nos alejamos en el tiempo y en el espacio de ese núcleo sagrado, ese núcleo sagrado va a ir transformándose. No es lo mismo la Pachamama que realizaron mis abuelos o que realizan hoy los vecinos de los valles de Abramayo, del Molulo, Loma Larga, o en la Puna, ellos tienen otra concepción. Y si nos desplazamos en el espacio y en el tiempo, durante la dictadura militar, la Pachamama estuvo invisibilizada, absolutamente nadie del Estado la practicaba, estaban prohibidos estos rituales porque se imponía la religión católica occidental, el saber occidental desde ese punto de vista racista.

«Cuando éramos niños muchas personas celebrábamos la Pachamama a la noche porque ahí estábamos a resguardo y anónimos, estábamos guardando ese acervo cultural con nuestros padres y abuelos».

Cuando se declara Patrimonio de la Humanidad a la Quebrada comienza a transformarse y a visibilizarse se convierte en algo hasta kitsch, hasta para el Estado comienza a ser un valor cultural mercantilizado. Está por ejemplo el festival de la Pachamama, o si te vas a los Valles Calchaquíes en febrero se celebra la fiesta de la Pachamama. Ahí se desplaza en el espacio y en el tiempo de este núcleo sagrado y después se termina eligiendo la reina de la Pachamama que va a ser la mujer de mayor edad en la zona de los valles. Otro ejemplo contemporáneo, cuando se declara por ley el 1ro. de agosto Día de la Pachamama, senadores de Jujuy en Buenos Aires dan de comer a la Pachamama en una maceta en las afueras del Senado. Ahí vemos los desplazamientos, como se va resignificando hacia otro sentido comercial.

Hoy en día nos llegan pedidos de turistas quieren saber cuando podemos hacer una Pachamama pensando de que es como tomar un mate y como es parte sagrado de este núcleo en la Quebrada de Humahuaca, se conserva en las familias, más allá de las instituciones, municipios y comparsas, que lo hacen para compartir con turistas. Cada uno de nosotros nos reservamos en nuestros domicilios para hacer nuestra propia Pachamama.

«Estas transformaciones a las que hago referencia no son ni buenas ni malas, son necesarias, son parte del proceso identitario, porque siempre nos vamos a ir transformando. Pero también, cuando se declara Patrimonio del Humanidad a la Quebrada de Humahuaca se establecen un montón de reglamentaciones para tratar de sostener estas festividades y rituales, conservarlas, pero en realidad lo que produjo es la mercantilización de las mismas», concluye Galán. (Ministerio de Cultura)